viernes, 21 de junio de 2013

Larga vida a Tony Soprano

A pesar de que el capítulo final de esta ya mítica serie se emitió el 10 de junio de 2007, en las últimas semanas “The Sopranos” ha estado de nuevo en el candelero por dos motivos muy diferentes. En primer lugar porque el poderoso sindicato de guionistas de Estado Unidos (WGA) acaba de elegirla como la serie mejor escrita de la historia (nada que objetar por nuestra parte). En segundo lugar, por la trágica y prematura muerte de James Gandolfini, el actor que interpretó magistralmente durante seis temporadas a Tony Soprano, protagonista absoluto de esta obra maestra de la narrativa audiovisual.

Es un hecho irrefutable que vivimos una época dorada para las series de TV, que han eclosionado en la última década gracias fundamentalmente a las cadenas de cable: la HBO y la AMC están produciendo joyas como “Boardwalk Empire” o “Mad Men” (¡literatura en movimiento!), sin olvidar clásicos como “The Wire”. Los escritores más talentosos y los actores-estrella se afanan por trabajar para la otrora denostada caja tonta. A este festín creativo (y económico) se han sumando canales como Showtime, FX o Starz y nombres de la talla de Spielberg o Neil Jordan. Incluso un pequeño país como Dinamarca está desarrollando ficciones de una calidad sobresaliente. Y todavía permanece fresco el impacto que causó en la audiencia global el noveno capítulo de la tercera temporada de “Game of thrones”: la inolvidable Boda Roja.   

Bien, planteemos dos preguntas: 1. ¿A qué se debe este fenómeno de dimensiones planetarias? 2. ¿Cuál es el papel de Tony Soprano en todo esto? Empecemos por responder a la segunda. Es cierto que hubo antecedentes, siempre los hay, pero The Sopranos fue la que abrió el camino: una serie real como la vida misma, que no sólo triunfó por tocar el siempre fascinante tema de la Mafia italoamericana, sino porque diseccionaba como nadie lo había hecho el matrimonio y el núcleo familiar, entendidos como unidades sociales básicas.

Y qué decir de Tony, un personaje carismático, contradictorio, tierno, violento, divertido, psicopático…  Robert McKee, gurú de la escritura guionística, ha llegado a decir: “Tony Soprano es más complejo que Hamlet”. He ahí la cuestión: Tony es complejo porque trasciende el mero personaje para convertirse en persona de carne y hueso, en un ser humano tridimensional con una riqueza de matices y una variedad de emociones similar a la de cualquiera de nosotros.

En un largometraje estándar, por lo común, se nos presenta un personaje con unas características definidas que van variando a medida que recorre su arco de transformación. Pues bien, Tony Soprano sencillamente no cabe en una historia de dos horas.

Eso nos lleva a la clave que explica el éxito de las series: el mundo está cambiando muy rápido, la realidad se complica, la vida se hace más intrincada. El público ha madurado y ya no le resulta creíble que un héroe sano, guapo y de moral intachable mate al malo, salve La Tierra y enamore a la chica en apenas 120 minutos. Las series, por el contrario, permiten contar historias que en total duran 50, 70, 100 horas… Técnicamente no hay límite. Y en ese tiempo sí se puede mostrar a una persona de verdad, con su juego de luces y sombras, y la maravillosa profundidad de un alma humana en la que seamos capaces de reconocernos.

Así que gracias, Tony, por los buenos ratos, y por lo mucho que nos enseñaste sobre nosotros mismos.    

miércoles, 19 de junio de 2013

Superman

El 1 de junio de 1938 llegaba a las librerías americanas el número uno de la revista Action Comics. En la portada aparecía por vez primera el que es, probablemente, el arquetipo de dios de la mitología de los tiempos modernos, la mitología súper-heroica: Superman. Para celebrar su setenta y cinco cumpleaños las pantallas de cine de todo el mundo reciben en estas fechas una nueva adaptación del personaje, el blockbuster Man of Steel, con un éxito de público y crítica casi unánime (hay que destacar que, curiosamente, las voces más discordantes vienen de guionistas de la DC Cómics, editora de los comics).

Nacido de la imaginación de Jerry Siegel y Joe Shuster, Kal-El, último superviviente del mundo desaparecido de Krypton, es a día de hoy, 75 años después de su primera aparición, el icono más representativo de la mitología moderna. Si al hablar de otro de esos personajes icónicos de la cultura popular  nacidos en los años 30, Conan, decíamos que es un antihéroe, un precursor de los personajes que habitualmente pueblan nuestro cine y literatura más moderna; está claro que Superman está en el extremo opuesto. Superman es el modelo de héroe encarnado, el molde en el que se han de comparar todos los superhéroes.  

Desde aquel lejano día de primavera de los años 30 hasta hoy la popularidad del Hombre de Acero no ha dejado jamás de crecer. Razón por la cual su figura es una de las más representadas en todos los medios narrativos. Un personaje transmediático como pocos, cuyas aventuras se han narrado tanto en el cómic que le vio nacer, comoen series de televisión, seriales de radio, novelas, videojuegos, juegos de roly en la gran pantalla. Un moderno Aquiles que nació en unos momentos muy parecidos a los que estamos viviendo.

Y es que en tiempos difíciles como estos el público necesita de héroes como Superman. Seres dotados de capacidades sobrehumanas y de unos valores tan elevados que los conviertan en referentes contra la injusticia que nos rodea. En sociedades tan manifiestamente descreídas como la europea en general, o la española en particular, podría parecer que dicho tipo de personajes están condenados al fracaso. Nada más lejos de la realidad.

La popularidad de este tipo de héroes es tan enorme aquí como fuera del Viejo Continente. Los valores tan humanos que representan son patrimonio de la humanidad. Los hombres necesitamos de héroes que nos inspiren. Si no se lo acaban de creer tan solo tienen ustedes que hacer el favor de ver las audiencias semanales que tiene en España la serie Águila Roja, que no es otra cosa que una especie de superhéroe del Siglo de Oro.

Por ese motivo, por el enorme éxito que tienen estos personajes entre el público, los miembros de ShotWords no acabamos de explicarnos porque no aparece una nueva hornada de héroes en la ficción nacional. Los creadores del Águila Roja lo comprendieron bien; hay que quitarse los complejos, nuestro sentido del ridículo, nuestra falas pose de estar de vuelta de todo. Necesitamos héroes que nos den esperanza, aunque solo sea en la ficción. Por ese motivo le damos de nuevo la bienvenida al Hombre de Acero. Ojalá en los próximos tiempos veamos nacer muchos más dioses modernos que nos ayuden en estos tiempos oscuros.

lunes, 17 de junio de 2013

Tuiteratura


“Todos los creadores buscan nuevas formas de expresión”. Esta frase aparecía en un artículo de Toni García en El País Cultural del pasado 12 de mayo (edición digital, es la única que leo) y que hablaba de pasada de como el director de cine Steven Soderbergh era el último en iniciar una aventura literaria en la red social. El artículo, que se titulaba HA NACIDO LA TUITERATURA, hacía mención a este nuevo género, en el que en ShotWords hemos hablado ya en un par de ocasiones.

Basta pasearse por la interesantísima librería Panta- Rhei en Calle Hernán Cortés, 7, Madrid para comprobar que este género tan digital e internauta se edita en papel desde hace tiempo en el mundo anglosajón. Twitenovelas, diarios twiteados e incluso sesudos ensayos de doscientas páginas en 140 caracteres se amontonan en el mostrador que la librería tiene dedicado a rarezas exquisitas, como yo las llamo. Parece ser que el estadounidense Matt Stewart fue el pionero de este género, cuando en 2009 publicó en Twitter un libro suyo, La revolución francesa, que no conseguía editar por los cauces tradicionales. Quizá por pura chiripa o por clarividencia, Stewart inició la publicación diaria de sus 3.700 tuits hasta poner online los casi 480 mil caracteres del libro. Y por si sus seguidores se habían perdido en algún punto, ofreció su novela por Scribd y Amazon. 


En el 2010 Jordi Cervera publicó en el Twitter su novela Serial Chicken, a raíz de la Semana Negra de Barcelona, un evento dedicado al género policial. Cada microcapítulo estaba protagonizado por una gallina asesina, con lo cual la novedad era doble: la obra se difundía por tuits (aunque también lo hizo por Facebook, Vimeo, Flickr y Google Maps) y el personaje era un ave homicida... Sin duda de inspiración en el propio pajarito de Twitter.

El uso de las redes sociales para muchos está aniquilando el lenguaje escrito, hace que nuestros hijos escriban cada vez peor, sin tildes, sin puntos, con abreviaturas... La verdad es que parece que estamos en la era del lenguaje críptico (para leer algunos tuits hay que hacer un master primero). Pero Twitter se ha convertido en la gran red social, desbancando a Facebook y mientras dure la racha habrá tuiteratura para rato. Como sucede con todo en esta vida, algunos tuits pasarán al olvido, otros tal vez alcancen la calidad de clásicos o serán piezas de coleccionista u objeto de exclusivas colecciones, ¿quién sabe? Sin duda, Twitter ha conseguido crear más en torno a su red que Facebook, desde un género literario propio a acercar fans a sus famosos o ser un hit en la publicidad on line.  


Esto de los 140 caracteres recuerda mucho a la época de estudiante en Bachillerato, donde empleábamos frases brevísimas para sintetizar conceptos y que así nos fuesen más fáciles de memorizar en un examen. Aunque desde el punto de vista narrativo la mayoría aún gusta de microrrelatos más largos, es cierto que el que emplea el tuit como género  ha de ser tan diestro como lo éramos en la época de los resúmenes, esquemas y, digámoslo, chuletas.  Sintetizar una historia, provocar emociones, llamar a la reflexión, en 140 caracteres es un arte, una demostración de habilidad que muy pocos pueden permitirse aunque sean en realidad muchos los que la escriban. 

Hoy reseñamos aquí algunos de los tuits más originales de la obra CAPERUCITA TUITEADA, de José Luis de Zárate, que viene a demostrar como se puede componer un libro a base de tuits variando sobre el mismo tema, una práctica cada vez más habitual en esto de la tuiteratura. 

Una pareja de cada animal, pero el lobo se niega a subir al Arca sin Caperucita.

Después de hacer el amor el cazador no puede quitarse de la cabeza la idea que algo hay de lobo en Caperucita.

En la terapia para curar su adicción a otras especies Caperucita y el lobo se conocen.

A Caperucita no la aceptan en la manada y al lobo no lo dejan sentarse en la mesa familiar.

El lobo supo que todo había terminado cuando Caperucita se compró un perro.
Se decía que eran celos injustificados pero Caperucita Roja no podía dejar de ver con odio a los tres cochinitos.

Algunos temen al bosque, otros lo buscan incesantes, saben que una manada de caperucitas caza ahí.

La mandó vestida de rojo a un bosque plagado de lobos, sin armas ni compañía. La devoraron, pero no exactamente como quería la madre.

Era un bosque tan oscuro y peligroso que Caperucita y el lobo se abrazaron en la cama de la abuela sintiéndose, al fin, a salvo.

Somos uno, se dijeron con sus cuerpos, roto el límite entre las pieles. Los aldeanos no comprenden por qué Caperucita tiene sombra de lobo.

12 campanadas. El camino largo se volvió corto, Caperucita en Cenicienta, y el lobo feroz en un príncipe sin imaginación en el lecho.




viernes, 14 de junio de 2013

Goliat y Goliat Senior

En jerga económica suele decirse que cuando EEUU estornuda Europa se resfría, poniendo de relieve la enorme influencia ejercida por la primera potencia mundial. Esto es así en todos los ámbitos: tecnología, cultura, moda, etc. Antes era relativamente común que cuando un pariente viajaba allí volviera con regalos como el par de zapatillas Nike que todavía iban a tardar un par de años en comercializarse en España. Hoy en día, sin embargo, el mundo ha cambiado de forma radical: las tendencias viajan a la velocidad de Internet, hasta el punto de que cabe afirmar que el futuro fue ayer.


Hablemos de la tele, reina absoluta del ocio familiar desde mediados del siglo pasado y que ahora, como casi todo, se enfrenta a un futuro incierto. Esta semana, sin ir más lejos, hemos asistido entre atónitos e inquietos al cierre fulminante del canal público griego, por una serie de motivos político-económicos no del todo transparentes. 

Y aquí, hoy mismo, amanecemos con titulares como la guerra cainita por el fútbol entre Prisa y Mediapro o la carta desesperada de Intereconomía pidiendo dinero a su audiencia para sobrevivir. Síntomas de agotamiento de un modelo que depende casi exclusivamente de los muy mermados ingresos publicitarios. Y esto, como narradores audiovisuales, nos afecta y nos preocupa.

Pero, ¿cuál es la situación allá por las Américas? De entrada, nos llegan cada vez más noticias de la plataforma Netflix, que ofrece películas y series en streaming a cambio de una cuota mensual. Fundada en 1997, cuenta en la actualidad con casi 2500 empleados, genera beneficios de más de 200 millones de dólares (2011) y está sólidamente implantada en EEUU, Canadá, Latinoamérica, Irlanda, Reino Unido y los países escandinavos, mercados donde suma en total 32 millones suscriptores. 

Al parecer España no entra dentro de los planesde expansión de la compañía por las elevadas cifras de piratería y el desinterés del gobierno por atajarlas. 

Además, Netflix se ha lanzado también a producir contenidos, destacando la muy valorada webserie “House of cards” (con Kevin Spacey) que ya mencionamos en nuestra bitácora hace unas semanas. Se abre así la posibilidad de un consumo cien por cien a la carta, pues es el espectador quien decide si quiere descargar los capítulos individualmente o de golpe. 

Hay varias pruebas de que la llamada “Revolución Netflix” no es un fenómeno efímero y circunstancial: en 2008 nace Hulu, que oferta gratuitamente (incluye publicidad) programas y películas de Fox, NBC y otras grandes networks. Y sobre todo llama la atención la nueva dirección emprendida por el gigante Amazon: a principios de año se subieron a la web catorce pilotos para que el público votase sus favoritos. En base a esas preferencias se han seleccionado cinco series que se estrenarán a finales de 2013, entre ellas la comedia “Alpha house”, protagonizada por John Goodman.


La competencia se presume dura, pero ante todo enriquecedora, tanto para consumidores como para creadores.


Eso sí, en este escenario, las diferencias entre la Vieja Europa y el Nuevo Mundo se hacen más evidentes que nunca…      



miércoles, 12 de junio de 2013

Érase una vez...

Son tan solo tres palabras, pero son probablemente las tres palabras más poderosas de nuestro lenguaje. Ninguna otra fórmula atrapa la atención como estas tres palabras. Hagan ustedes, amables visitantes, el favor de detenerse un instante y en su próxima reunión familiar o de amigos, sin importar la edad de estos, decirlas en voz alta, para así comprobar lo que sucede. Digan con firmeza: “Érase una vez”.

A Charles Perrault le debemos esta expresión (Il était une fois), y desde aquel lejano 1694 en que lo empleó por vez primera ninguna otra fórmula ha logrado atraer la atención del público como esta. Esto se debe a que anuncia el principio de un cuento, de un viaje a ese mundo de la fantasía en el que habitamos en la infancia y al que siempre deseamos volver. Esta fórmula magistral es un pilar básico que ningún narrador debería olvidar jamás. Y a tenor de lo que estamos viviendo estos últimos años, parece que no lo hemos olvidado.

Y es que de un tiempo a esta parte los lectores y espectadores de todo el mundo estamos comprobando como los cuentos clásicos y sus personajes se adueñan una vez más de nuestra imaginación. La razón es más que evidente; por un lado el cuento de hadas nos retrotrae a esa edad dorada que es la infancia, y por otro lado los cuentos de hadas son el culmen de miles y miles de años de tradición oral, de contar cuentos alrededor del fuego, y como tales son fórmulas narrativas perfectas. Aunque no me guste especialmente usar esta expresión, puesto que siempre han estado ahí, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que los cuentos de hadas clásicos están de moda.

Si bien esta tendencia de recuperar los cuentos de hadas clásicos adaptándolos a los tiempos y gustos modernos ya la podemos percibir en los años noventa del pasado siglo (no hay más que recuperar obras como Neverwhere o Stardust, de ese genio inglés llamado Neil Gaiman), tenemos que acercarnos al mundo del cómic para encontrar el primer intento serio y exitoso de adaptar los cuentos de hadas a nuestro tiempo.

En el año 2002 el sello Vertigo Comics publica el primer número de la serie Fábulas (Fables) guionista y dibujante Bill Willimgham. En dicha serie que sigue publicándose a día de hoy con tremendo éxito de público y crítica,  son los protagonistas de los cuentos de hadas los que al verse obligados a huir de sus Tierras Natales que han sido conquistadas por el misterioso enemigo conocido como “El Adversario”, se exilian en Nueva York. Una vez en la Gran manzana descubrimos a estos personajes clásicos en facetas que son tan comunes a nuestro mundo como impropias del mundo de los cuentos en el que generalmente habitan.

Claramente inspirada por Fábulas en 2011 la cadena de televisión estadounidense ABC estrenaba la serie Once Upon a Time. El rotundo éxito de la serie no solo la ha permitido renovar por una tercera temporada, sino que está anunciado un primer spin-off de la misma, Once Upon a Time in Wonderland. También en 2011 la cadena NBC lanzó el procedimental de fantasía Grimm, en el cual un heredero de los hermanos Grimm se enfrenta a todo tipo de criaturas surgidas de los cuentos de hadas. Y al igual que la serie de la ABC la serie Grimm ha sido renovada para una tercera temporada. Por si esto fuera poco la cadena de televisión española Antena 3 tiene previsto estrenar para la próxima temporada la serie Cuentos del Siglo XXI, la cual revisitará los cuentos clásicos para contarlos con una óptica actual.

Pero no solo en la pequeña pantalla viven esta edad dorada los personajes de los cuentos. En los últimos años los cuentos de hadas se han apoderado de las pantallas de cine de todo el mundo. Y no precisamente en películas realizadas para el público infantil, como las de la factoría Disney. Títulos como Los hermanos Grimm (The brothers Grimm, 2005), Caperucita Roja (Red Riding Hood, 2011), Blancanieves y la leyenda del cazador (Snow White and the Hunstman, 2012), nuestra aportación nacional en forma de película muda y en blanco y negro, Blancanieves (2012), o la más reciente Hansel y Gretel: cazadores de brujas (Hansel & Gretel: Witch Hunters, 2013), son una muestra del enorme poder de atracción que estas historias y sus personajes siguen teniendo sobre nosotros.


Aunque el repaso que hemos dado al fenómeno del renacer de los cuentos de hadas en el mundo de la cultura popular de la Era Digital a buen seguro estará incompleto, es más que suficiente como para darse cuenta de que los cuentos de hadas no solo siguen vivos, sino que gozan de una salud envidiable. Como narradores no podemos dejar de constatar que los cuentos tienen todos los elementos necesarios para que una historia triunfe. Son la base sobre las que puede construirse cualquier historia. Por eso nos encanta, de vez en cuando, comenzar nuestras historias con un “Érase una vez…”.

lunes, 10 de junio de 2013

APP: sin aplicación no hay película

Cartel del film
APP es la primera experiencia holandesa en el uso de la segunda pantalla para ver una película. Efectivamente, si uno quiere ver el film, ha de llevarse al cine la aplicación que da título a este siniestro thriller y lo que es más, tener el móvil encendido todo el tiempo que dure la proyección. ¿Por qué? Porque sí no, no entenderá ni jota de lo que allí está pasando. Y es que para saber de qué va esta película es necesario conocer primero la aplicación diabólica que da nombre al film (y que es la que el espectador tiene que descargarse antes de entrar en la sala). 

El argumento de este thriller psicológico no puede tener más que ver con el mundo de las aplicaciones. La modesta e inteligente estudiante de psicología de veintiún años, Anna Rijnders va, después de un dramático accidente en el que su hermano menor ha quedado parcialmente paralizado, encerrándose paulatinamente en su propio mundo virtual. Adicta a las aplicaciones, los medios sociales y su smartphone, Anna se hace amiga de la estudiante Sophie, espontánea y atractiva, que tiene una relación con el joven y guapo Daan.

Imagen del film
Después de una fiesta salvaje de la que casi nada pueden recordar, Anna descubre que tiene una misteriosa y extraña APP instalada en su teléfono. Se trata de una aplicación inteligente, llamada IRIS y que responde a todas las preguntas como si de una aplicación con vida propia se tratara. Para su sorpresa, la aplicación no sólo conoce las respuestas a preguntas científicas e históricas, sino también a las cuestiones relacionadas con su vida personal y la de sus amigos. Cuando Anna empieza a recibir gracias a IRIS astutos textos crípticos y códigos asociados a la misteriosa muerte súbita de las personas que la rodean, entiende que habrá de penetrar en la "conciencia" de IRIS para saber qué se esconde tras los asesinatos y tras la propia aplicación...

El film, que se estrenó en marzo en Holanda, ha tenido una muy favorable acogida gracias a la gran campaña previa que se hizo en las redes y por vías convencionales que logró crear una gran expectación en torno al thriller y a su novedoso formato. La empresa responsable ha sido 2CFILM, una productora cinematográfica de actividad internacional con sede en Amsterdam y que tiene como objetivo dar forma creativa al desarrollo y la producción independiente de películas comerciales para una amplia audiencia. 

Premier de APP en Amsterdan
Además, 2CFILM quiere ser un caldo de cultivo creativo para cineastas ambiciosos y talentosos, donde precisamente combinar ese joven talento con profesionales experimentados. En fin, que en épocas de crisis los holandeses han apostado por jóvenes creativos e innovadores capaces de desarrollar nuevos conceptos culturales con gran repercusión comercial. La productora integra las últimas técnicas en el contenido, lo que les ha salido redondo en el caso del film APP que utiliza una aplicación recientemente desarrollada como segunda pantalla. 

Web, aplicación, film... ¿alguien da más?
2CFILM fue fundada por Edvard van 't Wout y una parte de IMAGINATION, la nueva empresa conjunta de Robin de Levita (productor de los grandes musicales de Broadway en Europa) y Kees Abrahams (responsable de ¿Quiere ser millonario?), ambos son los productores más creativos que ha dado Europa en los últimos veinte años. APP es la primera de una serie de películas que se están desarrollando en 2CFILM con este novedoso sistema de la segunda pantalla. 

Habrá que preguntarse si éste es el futuro del cine para solventar la crisis de formato que padece la industria, que tras el Cinemascope no ha vivido una gran transformación (el 3D ha sido un fracaso...)

Esperamos que esta experiencia se llegue a comercializar en nuestro país y podamos disfrutar del film APP y toda su parafernalia en nuestros cines.

La siniestra IRIS




viernes, 7 de junio de 2013

Entrevista a Marc R. Soto, escritor de género fantástico y terror

Nuestra segunda entrevista nos trae a un pionero en el ámbito de la autopublicación on-line. Marc R. Soto (Santander, 1976) cultiva fundamentalmente el relato y la novela corta, y ha ganado diversos concursos de narrativa breve (a destacar el Jóvenes talentos Booket 2005). Ha publicado sus cuentos en papel y en ebook, en revistas españolas y estadounidenses, en fanzines y en antologías colectivas. Su última obra es “Todo muere: de la cuna a la tumba” (Saco de Huesos Ediciones, 2012).

1. ¿Cómo llegas a la autoedición digital? ¿Por una mala experiencia con el libro tradicional, por abrir nuevas vías de negocio, por simple curiosidad?

Llegué a la autoedición digital porque soy un geek y porque me gusta probar de todo. De hecho, llevaba años siguiendo los avances en materia de lectores de libros electrónicos (recuerdo haber enviado un par de correos electrónicos a Sony ofreciéndome como beta-tester hace tiempo, sin respuesta, por supuesto). Cuando Grammata puso a la venta el primer Papyre en España hace cinco años, me hice con uno y desde el momento en que lo encendí y empecé a leer “El sabueso de los Baskerville” en aquella maravillosa pantalla de tinta electrónica tuve claro que eso era el futuro.

También tuve clara otra cosa: que mientras no hubiera una tienda de contenidos realmente fácil de usar, todos los esfuerzos de comercializar ebooks serían en vano. Más o menos en la misma época el iPhone 3G llegó a España y vi que el modelo de la App Store (dispositivo cerrado, precios bajos, compras con un clic) era el que necesitaba el libro electrónico para despegar. Así que cuando Amazon sacó a la venta su Kindle y lo asoció a su portal no me cupo ninguna duda de que habían dado en el clavo.

Por desgracia, Amazon por entonces no vendía en España. Conseguir un Kindle aquí era imposible sin recurrir a tretas como intermediarios en Estados Unidos, direcciones postales falsas, etc. así que lo dejé correr. Otros, como Fernando Trujillo o Juan Gómez-Jurado, tuvieron más vista que yo y se posicionaron en ese mercado desde el principio.

En cualquier caso, cuando hace un año y medio Amazon abrió sus puertas en España, decidí que no podía esperar más y me lancé a sacar mis libros en el formato Kindle aprovechando que los derechos de los mismos estaban ya de vuelta en mi poder (el caso de “El hombre divergente”, que publicara en papel AJEC en 2006), que eran inéditos (“Voces en la niebla”), o que volvieron a mi poder a los pocos meses por razones que no vienen al caso (“Largas noches de lluvia”, publicado en papel por Viaje a Bizancio en 2011). Y ya en junio de 2012 saqué mi nuevo libro de relatos (“Todo muere”) con la editorial Saco de Huesos directamente en formato electrónico.

2. Háblanos de Amazon como plataforma: ventajas, inconvenientes, etc.

En pocas palabras: Amazon no es Jauja.

Sí, es cierto que todo el mundo puede publicar en su tienda cualquier tipo de obra (y cuando digo cualquiera, quiero decir cualquiera: no creo que Amazon te ponga ninguna traba si quieres publicar tu lista de la compra, a fin de cuentas quizá sea poesía experimental), pero eso no es, ni nunca ha sido, garantía de éxito. Publicar un libro puede ser fácil, venderlo ya es harina de otro costal.

Y aquí ya estamos hablando de marketing, de cómo conseguir que los lectores se enteren de que hay un libro tuyo ahí fuera y hacer que se acerquen para echarle un vistazo a la portada, leer la sinopsis, probar los primeros capítulos y, con suerte, con muchísima suerte, comprarlo. Vamos, los mismos pasos que sigue un potencial comprador en una librería tradicional.

Mientras que en los libros físicos hay toda una industria detrás formada por los libreros, las editoriales y los distribuidores, todos ellos interesados más o menos en vender libros, con herramientas de promoción a su alcance como anuncios en prensa, artículos y reseñas en revistas especializadas, entrevistas en la radio… el autor independiente que apuesta por Amazon o por cualquier otra librería virtual se encuentra de pronto solo en mitad del océano. Más le vale aprender rápido a nadar, o de lo contrario su libro se hundirá en las profundidades de los últimos puestos en los rankings de ventas de Amazon, donde nadie lo encontrará jamás.

Dicho de otra manera, su libro será ninguneado, ningún medio lo reseñará ni se hablará de él. Da igual lo bueno o malo que sea ese libro.

Pero no todo es negativo. Están los lectores. Los lectores son, probablemente, lo mejor que tiene Amazon: una comunidad extensísima formada por miles (probablemente a día de hoy decenas de miles) de personas entusiasmadas con la lectura, a las que no les importa probar cosas nuevas, autores desconocidos… Que son tremendamente activos en foros de literatura, que mantienen centenares de blogs en los que hablan de sus libros, lo que les ha gustado, lo que no, lo que recomiendan, aquello a lo que no deberías acercarte ni en pintura…

Además, como autor podrás gestionar tu propia obra como jamás te lo permitiría hacer una editorial: jugar con el precio, con la portada, hacer promociones, regalar libros, innovar. ¿Quieres enviarles a tus lectores un ejemplar gratuito firmado y dedicado? Si el libro es tuyo puedes hacerlo; si es de una editorial, probablemente no.

En cuanto al resto de plataformas (Smashwords, iBook Store de Apple, Fnac, Casa del Libro…), de momento no están a la altura de Amazon en cuanto a base instalada de lectores y hábitos de compra de sus usuarios. Algunas, además, como la Fnac o la de la Casa del Libro no permiten publicar a autores independientes.

En resumen, si te gusta implicarte en absolutamente todos los procesos asociados a la publicación y venta de tus libros (¡todos!), Amazon es tu sitio. Si consideras que pensar estrategias de marketing, posicionamiento, elegir o confeccionar tú mismo tus portadas, mantener al día un excel con todas las estadísticas relevantes de tu libro (ejemplares vendidos, acciones llevadas a cabo de promoción, su posible impacto, posicionamiento en rankings…) no debería ser trabajo tuyo, ni te lo plantees: busca una editorial, todavía hay gente que publica con ellas.

Como dije al principio, Amazon y en general la autoedición no es Jauja. Pero al menos para mí, resulta tremendamente divertida.

3. Te encargas personalmente de la corrección y maquetación de tus textos, así como del marketing y la promoción. ¿El futuro pertenece al escritor todoterreno?

El futuro (como el pasado) pertenece al escritor cuyas obras sintonicen de forma natural con las preocupaciones y las apetencias de los lectores de su tiempo. Puede ser un escritor independiente o uno auspiciado por una editorial, eso no importa demasiado. Incluso siendo independiente es posible que algunas labores que rodean la creación de un libro se las encargue a otro, como la portada, la corrección ortotipográfica o incluso la corrección de estilo. Naturalmente, un autor independiente poco o nada conocido tendrá que ajustar su presupuesto al máximo, lo que implicará que no podrá pagar a un corrector profesional, ni a un maquetador, ni a un ilustrador, al menos al principio, pero nada le impide más adelante contratar colaboradores freelance para ciertas tareas, como hacen las editoriales.

Como decía, dudo que ser todoterreno sea una condición suficiente para el éxito, pero para los escritores independientes sí creo que es al menos necesaria. Así que si eres un escritor independiente, más vale que te guste usar Gimp o Photoshop Elements (el Photoshop profesional vale una pasta…), tirar del Panhispánico de Dudas, charlar en foros de lectores de una forma amena y sincera… y te tiene que gustar casi tanto como escribir. De hecho, una vez terminado el libro, incluso más.

Pero es que incluso si trabajas con una editorial no te vas a librar de esos trabajos: tendrás que revisar cada corrección que hagan los correctores (casi siempre son acertadas, pero no siempre, y al final quien da la cara es el autor), lo que implicará leer tu manuscrito docenas de veces; tendrás que participar en el proceso de creación de la portada; y, por grande que sea la editorial, el trabajo sucio del marketing recaerá siempre y casi por completo sobre tus hombros.

4. Has llegado incluso a tantear el mercado norteamericano. ¿Es un campo con posibilidades para un narrador español?

Me gustaría darte una respuesta concisa y definitiva, pero la verdad es que no lo sé. Mientras que no he tenido ningún problema para publicar un par de veces en una revista americana como la Ellery Queen’s Mystery Magazine (enviándoles mis relatos traducidos profesionalmente en inglés, como cualquier otro candidato), la novela breve “Mosquitoes”, publicada en Amazon.com también en inglés, está teniendo ventas discretas aunque, eso sí, críticas estupendas por parte de los lectores.

¿Es porque los lectores americanos son más reacios a leer prosa extranjera que nosotros? ¿Es porque el formato de novela breve no es el más adecuado para llegar a ese público? ¿Es porque no ha tenido campaña publicitaria de ningún tipo y allí hay mucha más competencia que aquí?
Seguramente la respuesta sea una mezcla de las tres.

Sin embargo Amazon.com es mucho más que el mercado norteamericano anglosajón. Casi todos los países hispanohablantes de América (México, Argentina…) tienen la .com como tienda de ebooks. Incluso en Estados Unidos la comunidad hispana es lo suficientemente abundante como para marcar la diferencia en ese mercado, y con una ventaja sobre el mercado español: se trata de usuarios (los estadounidenses) con una cultura consumista muy diferente de la nuestra, con una relación con la piratería muy diferente de la nuestra, y con una forma de valorar los precios muy diferente de la española.

Así que yo apostaría más por vender nuestras novelas en español en Estados Unidos y el resto del continente americano, antes que por traducirlas.

5. Ninguno de tus libros lleva código DRM. ¿Cuál es tu actitud ante la piratería?

A mi modo de ver, hay dos formas de enfrentarse al problema de la piratería (porque, en efecto, supone un problema): puedes preocuparte por la gente que lee tus libros sin pagar o puedes preocuparte por los que eligen sí pagar por ellos. La primera opción te lleva de cabeza a la depresión, a las ganas de mandarlo todo a tomar vientos y dejar de escribir otra cosa que rabietas en Facebook a lo Lucía Etxebarría. La segunda te lleva por senderos más divertidos y –creo- fructíferos.

De las dos, yo me quedo con la segunda. Es decir, no me preocupo demasiado por  la piratería y sí me preocupo mucho por quienes compran mis libros. Desde el comienzo he intentado que quien tome la decisión de adquirir mis libros de la forma “legal” tuviera ventajas sobre los que optaran por la versión “pirata”.

Un de esas ventajas es la de poder conseguir una copia autografiada del libro electrónico comprado, relatos gratuitos y, en un futuro, otros extras como relatos en audio y algunas sorpresas más que prefiero guardar a buen recaudo por el momento J La idea es conseguir que incluso para alguien que se haya descargado el libro “gratis”, acabe siendo atractiva la idea de comprarlo.

Algo muy curioso con lo que llevo tiempo encontrándome en internet es una profunda división de opiniones respecto a la piratería dentro de los pocos usuarios. Mientras hay poca gente común que critique la piratería de música, series de televisión o películas, sí hay una comunidad bastante grande de lectores y usuarios de videojuegos que la condenan de forma activa y sostienen discusiones encendidas al respecto en blogs y foros. Las razones de los jugadores las entiendo perfectamente, ya que han visto cómo grandes desarrolladoras caían a causa de la piratería (incluso una consola, la DreamCast, muerta apenas después de nacer por ello mismo), y las de los lectores las achaco a algo muy sencillo: es gente que lee. Quizá por deformación profesional tiendo a considerar que la gente que lee tiene una imaginación más desarrollada y, en general, una mayor capacidad de ver a largo plazo y tomar decisiones acertadas.

6. El ebook prescinde de los intermediarios: libreros, agentes, editores, distribuidores. ¿Qué relación se establece entre el autor y el lector?

Todos los autores excepto aquellos con un ego superlativo tienen (tenemos) cierta tendencia a quedarnos en casa y el sueño de que nos “dejen en paz para poder dedicarnos a escribir de una vez”.

Entrevistas, sesiones de firmas, encuentros con los lectores, presentaciones de libros… incluso salir de copas un sábado por la noche pueden llegar a ser un fastidio cuando lo único que te apetece es quedarte en casa trabajando con esa historia que te tiene enamorado como un chaval.

Con la publicación electrónica esa tendencia podría convertirse en un peligro, dado que con los ebooks actos sociales como las presentaciones o las sesiones de firmas no tienen demasiado sentido.

Sin embargo, lo cierto es que el libro electrónico propicia un mayor acercamiento entre lectores y autores. Internet se convierte en el ecosistema en que todo lo relacionado con los libros de un autor se mueve: el blog donde habla de su día a día o relata anécdotas interesantes de la etapa de creación del libro y adelanta información de sus próximos trabajos; el foro en que los lectores comentan los entresijos de los libros electrónicos que están leyendo y reciben recomendaciones de otros lectores como ellos; la tienda en la que navegar buscando la próxima novela que “llevarse al buche”; twitter, facebook, correo electrónico…

Si te fijas, todos esos medios lo son de ida y vuelta. En una presentación en la que el autor y el editor sueltan sus “rollos” (un 99,99% de esos “rollos” consisten en asegurar al personal que el libro colocado de forma bien visible en el atril es el mejor libro escrito desde el Quijote) no se establece un verdadero vínculo con los lectores, que son sujetos pasivos del acto, no se abre un canal de comunicación duradero. Esto, cuando hablamos de internet desaparece: el lector deja de ser un sujeto pasivo para convertirse en un actor más de cada uno de los actos mediante su participación en discusiones de un foro, la correspondencia electrónica, sus preguntas y respuestas vía twitter…

En mi opinión tanto de escritor como de lector es precisamente esa cercanía que propician las nuevas tecnologías lo más hermoso de los libros electrónicos.

7. Por último, dejemos volar la imaginación. ¿Cómo ves el mundo editorial dentro de 10 años? ¿Crees en el modelo de convivencia entre el libro físico y el electrónico?

Sí, creo que hay espacio para la convivencia. Algo tan exitoso y tan perfecto como el libro físico no va a desaparecer por las buenas. El libro electrónico crecerá cada vez más, sin lugar a dudas, ocupando un nicho en el que el libro en papel nunca fue demasiado eficiente (el de la literatura de consumo, los libros baratos, baratos de verdad), pero hay usos en los que el libro en papel es insustituible, digan lo que digan: ediciones artísticas, realmente únicas; colecciones encuadernadas en materiales nobles; el libro como regalo; el libro como juguete; el libro como fetiche.

¿Será una industria más reducida? Sí, desde luego. El libro electrónico barrerá al libro en papel como la televisión barrió a la radio, no me cabe ninguna duda sobre eso; pero como la radio, el libro también sobrevivirá, haciéndose fuerte en aquello en que el libro electrónico no podrá ganarle nunca: sus dimensiones físicas, su peso, su tacto y (supongo, porque yo nunca he sido un “esnifador de libros”) su olor.